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EL PA�?S DONDE SE MIDEN LAS PALABRAS (un cuentecillo de Jebi & Anuska)

7 Febrero 2007

1.
«Ninguna ley del país puede exceder en palabras el número de letras de su alfabeto, que consta sólo de veintidós. Pero de hecho pocas leyes alcanzan siquiera esa extensión. Están redactadas en la prosa más llana y sencilla, en la que aquel pueblo no tiene viveza suficiente para descubrir más que una sola interpretación. Y se castiga con la pena de muerte el escribir comentarios sobre cualquier ley.»
Jonathan Swift. Los viajes de Gulliver

No sabías cómo, porque las fronteras no dicen nada, ni sabías por qué. Ignorabas que existiera algún lugar así pero allí estabas, en el País Donde Se Miden Las Palabras. Sus habitantes lo denominaban simplemente I, pero de eso te enteraste bastante después. Lo primero que te llamó la atención fue el silencio. Al principio lo agradeciste, porque en tu viaje buscabas un lugar tranquilo donde nadie te incordiara. Te sentiste maravillado. La primera ciudad que visitaste carecía por completo del bullicio al que estabas acostumbrado. Los mercados eran lugares donde se escuchaban pocas exclamaciones, y el ventero que te dio cobijo ni siquiera te preguntó tu nombre. Eso sí, cuando se lo diste (quizá por deferencia, o por amabilidad mal entendida, pues él no te lo había pedido) observaste una mueca en su cara. No sabías todavía que tu nombre resultaba excesivamente extenso, y no reparaste en que desde entonces el ventero te observaría de reojo cuando salías a pasear por las calles de la ciudad. Descubriste que la mayoría de las veces las respuestas eran, ante todo, negativas, y no sabías que era porque fvasd (sí) contenía más sonidos que nat (no). Parecía por tanto, más educado negar que afirmar las cosas. Por eso no comprendiste el aparente escepticismo con que sus habitantes recibían todo y al principio achacaste muchas de sus actitudes recelosas a un carácter que en realidad no poseían…
En el País Donde Se Miden Las Palabras existían diferentes modos de medirlas. Unos lo hacían por sonidos, otros por sílabas, otros vigilaban la cantidad de palabras de una frase… Los resultados en cada caso eran diferentes y las distintas tendencias medidoras mantenían versiones más o menos ligadas a lo divino o lo telúrico para justificar sus prácticas. Aunque existía una doctrina que establecía que cada uno podía medir las palabras a su manera, la tendencia más extendida y mayoritaria mantenía que sólo unos pocos estaban capacitados para alcanzar el cargo de Medidor De Palabras. En ella se utilizaba el método de agudeza auditiva, el cual no dejaba de dar ciertos problemas pues palabras como fvasd eran interpretadas por corrientes de esta doctrina como vas en la tendencia más liberal, y como frvasdn en la más purista, que era la que tenía carácter oficial.
Pues bien, tú, viajero, que considerabas tu suerte como una compañera caprichosa, descubriste al poco tiempo que el propietario de tu hostal era uno de esos medidores de palabras.



2.
«De lo que no se puede hablar hay que callar.»
Ludwig Wittgenstein

Uno de los primeros días te llamó la atención ver en la pared de esa casa una palabra escrita, “E�?. Sólo querías preguntar, porque la curiosidad te acompañaba siempre. El medidor de palabras adivinó en tu cara tu intención, y vio tus labios secos. Así que, con un escueto yin, te acercó un taburete y puso en tu mano un bissopnalawe. Ya habías visto en I cosas así, productos extranjeros de nombres largos y complicados. Algunos habitantes de I consideraban algo obscena la publicidad de estas mercancías, pero para ti eran demasiado simples: una sola palabra sobre un fondo generalmente azul o verde, bastante opaco. Ninguna imagen ni colores vivos, ni siquiera una fácil pronunciación para ninguno de los pueblos del Círculo de Sedecrem.
Al fin, con el refresco en la mano, te atreviste a preguntar al hombre que te acogía. Temías una respuesta lacónica, pero el hombre comenzó a hablarte en tu propio idioma, con una deferencia que te sorprendió.
«La palabra escrita en la pared está tallada con un método muy antiguo, pero sobre un curioso material, el sison, proveniente del asteroide Taes. Ya hace tiempo que en este planeta ha revolucionado nuestra forma de vida por su ligereza y facilidad de síntesis. El método de talla data, en cambio, del siglo XXIII. En I damos mucha importancia a las inscripciones. Podrás suponer, viajero, que ya que no gastamos tiempo en pronunciar, tampoco nos gusta emplear más de unos minutos en escribir algo que perdure para siempre. Esta técnica combina la rapidez de trabajo del cincel-láser con la facilidad con que el sison cierra sus poros después de haber sido tallado. La palabra de la pared simplemente significa “este es mi hogar” en tu idioma.»
Siguió contándote que, como Medidor de Palabras, había estudiado otras formas de utilizarlas, y por tanto, otras lenguas. Por eso conocía tan bien la tuya. Se alegraba mucho de haber congeniado contigo y poder practicar. Aseguró que podías quedarte en su posada el tiempo que quisieras, y sólo te pidió un favor: que fuera de la posada hablaras el idioma de I puesto que no quería distorsionar la tranquilidad de su comunidad con los sonidos de un idioma excesivamente locuaz.
Además te rogó que con su hija hablaras sólo el idioma del País, aunque admitió que ella también conocía tu lengua. Te gustaba aquella muchacha de aspecto sereno, y te incomodaba no poder disfrutar de una comunicación fluida con ella. Era seguro que podía hacer bromas y apreciar la sonoridad de las palabras como tú, así que, ¿por qué limitar esta relación?
No formulaste en alto la pregunta… y te diste cuenta en aquel momento que empezabas a recordar algo, sin saber muy bien qué era.



3.
«La postura del zen es que las palabras y la verdad son incompatibles o que, al menos, no hay palabras que puedan capturar la verdad.»
Douglas Hofstadter

Creíste que habías tenido suerte. Tu anfitrión había sido muy amable, a pesar de pertenecer a una facción bastante tradicionalista, y pensaste que el conocimiento de tu cultura había servido como antídoto ante los atisbos de fanatismo que habías observado en otros lugares. Poco a poco fuiste conociendo ciertas peculiaridades de las costumbres de aquellas gentes. Y por supuesto constataste que su lengua regía estrictamente sus comportamientos y sus hábitos más comunes.
En I estaba penado no ajustarse al metro. Cada expresión disponía de una medida máxima de sílabas (o de sonidos) que no se debía superar. No era sólo de mala educación rebasar el límite, sino que se consideraba sacrílego. A tal efecto, y al final de cada eo (diez jornadas lunares, llamadas o cada una de ellas, y eo en su totalidad) tenía lugar un ritual de reafirmación. En él se reunían, como mínimo, tres Medidores. Cada Medidor se denominaba vur, v era el equivalente de medición y r el de palabra, la vocal u designaba el concepto de ser humano. Tras una pequeña preparación en el que el público al unísono pronunciaba las cien n, se hacía ejercicio de la Justicia (llamada I, como el país mismo). Se arrastraba hasta el estrado a los denunciados, que habían de permanecer con la vista caída y sin moverse, y una vez allí se les perforaba la lengua con tres dagas. Dos de ellas atravesaban las carnes de sus carrillos y la otra se introducía desde abajo llegando hasta el paladar.
El ritual era corto. Mientras tanto los fieles emitían un murmullo parecido a un mantra, que llegaba a ser hipnótico, y los ajusticiados eran luego expulsados del templo tras haberles hecho tragar un brebaje espeso que consistía sobre todo en agua con sal.
Las heridas cicatrizaban pronto. Y la mutilación apenas dejaba secuelas. Pero las dos pequeñas señales de los carrillos denunciaban al sacrílego durante bastante tiempo. Estos debían hacer voto de silencio durante cinco io. La reincidencia durante ese período se castigaba con la muerte. En este caso dos leznas se aplicaban en las sienes con maestría singular.
Te dio la sensación de que tu viaje hubiera sido absurdo si I no hubiera sido el país propietario de Taes, y el que poseía el monopolio de la extracción y explotación del sison, el material más versátil y transformable que se había descubierto nunca. La riqueza era algo que no tenía una denominación especial en este país, pues no era un elemento diferenciador. Todos sus habitantes eran inmensamente ricos. Y eso, en apariencia, habría debido de proporcionarles mayores cotas de libertad… Pero ahí era donde tropezabas y comenzabas a aplicar conceptos que no eran de esta tierra. Todos los habitantes de I, desde los más rebeldes a los más mojigatos, consideraban que eran libres… Y el aparente misterio que rodeaba sus costumbres tenía una curiosa explicación:
Hace centurias, cuando Taes aún no había sido colonizado, I era un país muy pobre, quizá el más pobre del Círculo de Sedecrem. Se contaban leyendas muy antiguas sobre el día en que todo cambiaría. Pero ese día no llegó hasta el descubrimiento del sison en Taes. Este es el asteroide más pequeño de la Estela Local de Lambd, y fue despreciado por la Confederación de Exploradores porque no reunía las condiciones de habitabilidad que ellos deseaban. El descubrimiento del sison supuso una verdadera revolución, y la ascensión económica de I hasta convertirse en una de las mayores potencias de la Liga.
Durante los primeros tiempos de la era del sison, los Depositarios de las Leyendas hicieron un repaso exhaustivo de todo lo que en ellas se había dicho. Ninguna de ellas había aventurado ni por asomo que el cambio habría de producirse gracias al descubrimiento de un material. La mayoría de ellas había recurrido a cuentos de enviados, mesías y hecatombes…
Todo el país fue, al poco tiempo, consciente de todo eso: siglos de mitología no habían sido más que una humareda desagradable. La población, con objeto de hacer encajar las profecías, intentó engrandecer y encumbrar a algunos de los científicos que habían descubierto las propiedades ilimitadas del sison, pero ninguno de estos estuvo dispuesto a asumir tamaña responsabilidad. En cambio surgió una nueva clase de arbitraje político basado en la represión de la desmesura: no tuvo que pasar mucho tiempo para que las autoridades tomaran la aclamada decisión de purificar la vergüenza con el Día del Silencio. En él se quemaron, en hogueras que se multiplicaron por todo el país, todos los ejemplares impresos de las leyendas falsas que hasta entonces habían ocupado estantes y estantes de las bibliotecas públicas y privadas. Algunos cuentan que la noche de ese día no existió dado el resplandor de las fogatas.
El discurso de los exDepositarios fue tajante: la pobreza se había basado en una gran mentira. A partir de entonces deberían vigilarse las palabras para que la mentira y la pobreza no volvieran… Ellos y todos en el país deberían convertirse en los guardianes y vigilantes de la Verdad. La verdad absoluta no podía ser verbalizada… La manifestación de la Verdad era el silencio. Más se acercaba a la verdad quien más callara… Más se alejaba de ella quien quisiera romper el silencio con sus palabras…
Así que la revolución triunfó. Y la revolución se convirtió en todo esto que ves.



4.
«Eppur si muove.»
Galileo Galilei

Al cabo de tres meses ya habías aprendido su lengua e intentabas apreciar los momentos que los largos paréntesis del silencio establecían. Las conversaciones con Ra, uno de los más preclaros vur de I, te proporcionaban un complemento a la tensión, entre mortecina y asfixiante, de la vigilancia de las palabras.
Con la hija del medidor jamás habías roto la promesa de no hablar en otra lengua que no fuera la de I. Sin embargo… el amor debe producir extrañas comunicaciones. Desde tu punto de vista, la confianza que compartías con ella no podía provenir sólo de medias palabras y monosílabos. Toda tu cultura “hablaba�? casi literalmente por los codos (aquella moda de tu país con palabras en las mangas de la ropa, con eslóganes o publicidad, te parecía ya algo excéntrica), y por supuesto, en lo referente a la seducción, el lenguaje verbal tenía tanta importancia como los sentidos. Ella también, como su padre, se animaba respondiéndote a las preguntas que hacías, pero parecía que los límites marcados por su lengua, la vigilancia constante de la Verdad, esa comunidad a la que molestaban los sonidos extraños, le constituían un muro al que corría a estrellarse… parándose pocos centímetros antes de atravesarlo.
Pero ¿por qué no atravesarlo? Ella tenía el dominio suficiente de tu idioma y suponías que intenciones de aprender aún más. En la casa había espacio e intimidad. Un día intentaste avanzar, pero Toe respondió con evasivas y zanjó la cuestión con el consabido zies niier, que significaba algo parecido a “¿Qué más da? Así nos entendemos, ¿no?�?
Al poco tiempo, la mujer de la tienda de al lado os pidió ayuda para reorganizar el escaparate. Había una nueva remesa de interfaces para telecomunicadores que colocar en la vitrina. Y poner estantes y telas, y correr muebles, y cargar cajas. Era una buena oportunidad para escuchar tu respiración acelerada, fijarte en formas y colores, atender a algo más que al silencio y al cuidado.
Mientras ellas se dedicaban a catalogar el nuevo material, tú curioseabas en el almacén: interfaces viejos junto a los recién desembalados, jacks de distintos colores, metros de cables enrollados que ya empezaban a picarse, el silbido de los generadores, el olor del silicio envejecido… Aún después de haberte habituado, te gustaba todavía tocar con los dedos desnudos las pantallas de sison y comprobar la diferencia de texturas. Jugabas a inscribir mensajes que se codificarían al instante, también en relieve, en el interfaz de alguien allá en tu tierra… si es que allá hubiera sison, si es que allí hubiera alguien esperando ese mensaje.
En uno de los estantes apareció ¡un celular! Sorprendido, emocionado y nostálgico, llamaste a Toe y a la mujer: “¡Un celular como los de mi país!�? Te explicaron que antes del Día hubo un gran auge de su uso y fabricación para la necesaria publicidad del régimen y de los revolucionarios logros tecnológicos que estaban llevando a I a ser una de las mayores potencias de la Liga. “Ahora no sirven. Nadie los usa�?, concluyó Toe.
Antes de volver al trabajo, te quedaste un poco más manipulando el aparato. Llevaba en su reverso un pequeño logo: RA, distinto de todos los logos impresos en el material proveniente de Taes. La coincidencia con el nombre del medidor no debería haberte preocupado, pero sí el que Toe, al verte descubrir el logo, no pudiera reprimir una expresión de alarma.
Así que aquella noche fue la primera vez que Toe rompió el precepto. Antes de que comenzaras a hacer preguntas inoportunas, prefirió contártelo ella. Lo hizo aprovechando una ausencia de Ra, pidiéndote por favor que después de esta noche olvidaras el celular y todo lo que ella te contara:
Ra trabajó en Taes en los primeros tiempos. Supongo que te sorprende no haberlo sabido antes. Alguien que tiene la capacidad de sintetizar el sison debería ser famoso aquí, o al menos es algo lo bastante interesante para ti como para que mi padre te hubiera hablado de ello. Aún no habías conocido a ninguno, pero no es ningún misterio. Lo único que pasa es que no se le da mayor importancia. Simplemente no hablan, como el resto de la población. A nadie le interesa saber. Todos estamos comprometidos en la vigilancia de las palabras y la Verdad. Y ellos volvieron con un reconocimiento y un prestigio tales como para que tampoco les interese hablar… y perderlo. Nadie quiere saber cómo es la vida allí, ni cómo se produce a gran escala el sison, ni la investigación científica que se lleva a cabo. Aunque lo fundamental es que la mayoría estamos profundamente convencidos de que, para alejar la pobreza, la mentira y otros miedos, lo mejor que podemos hacer es no preguntar. Existe cierta cortesía en ello: de esta manera no obligamos a nadie a correr el riesgo de cometer sacrilegio por nuestra estúpida curiosidad.
Desde el principio, la confianza en la síntesis química del sison ha neutralizado los fantasmas de catástrofe ecológica. No hay ningún material que sobreexplotar, no hay residuos que saturen el planeta, no se requieren fuentes de energía de mucha potencia, no contamina… ¡Es fantástico! ¿Verdad? Evita lo que nadie en el mundo quiere: catástrofes, guerras de patentes, pobreza y desigualdad. Y con ello no nos hace falta saber más sobre síntesis de nuevos materiales o mejora de los actuales, ya que tenemos todo lo que queremos y bien repartido para el resto de los tiempos.
Pero… ya desde los tiempos en que mi padre trabajaba en Taes había un grupo de sintetizadores algo incómodos con el secretismo científico. Se les conocía como Los Integrales, por aquella función matemática que resuelve la medida de toda un área irregular, ya que consideraban que si no hay una medida real de la información que toda la sociedad posee, si no se comparte y circula el conocimiento entre toda la sociedad, la investigación científica puede llegar a extinguirse, como un ecosistema (o cualquier otro sistema) puede colapsarse si no existe un equilibrio dinámico con el exterior.
De este grupo de herejes nunca más se supo. Y todo el país está orgulloso de haber olvidado aquel mal cuento que lo único que hacía era poner en peligro nuestra fe, sin ningún fundamento en la Verdad. Te cuento todo esto para que comprendas la inutilidad de hablar de Taes, con mi padre o con cualquiera. Recordar malas épocas no conduce nada más que al dolor, y, como te dije antes, preguntar es de mala educación. No puedes poner en peligro a la gente, pero comprendo tu curiosidad y prefiero ser yo la que te cuente lo poco que sé. Y ahora… olvídalo�?.



5.
«La memoria se alimenta de la imaginación.»
Amy Tan

El día que ella desapareció despertaste entre sudores. Cuando te levantaste no había nadie en la posada. Imaginaste (todavía no sabías que estabas comenzado a recordar) que habían salido a arreglar algún asunto. Pero te extrañó que a la hora de la comida (en I se respetaba escrupulosamente) sólo apareciera Ra con cara aparentemente afectada. No preguntaste nada, porque en su rostro estaba grabado un gesto que indicaba la prohibición absoluta de transgredir el silencio. Y en ese momento pensaste lo peor: Toe se había ido de la lengua y tendría que pagar por ello. El próximo Ilue (ritual) tendría lugar en pocas o, tras tres vueltas al segundo sol. Y recordaste que no debías esperar a que llegara aquel día para iniciar los preparativos.
¿Preparativos? De repente te sorprendiste comprendiendo el objetivo de tu viaje. El inhibidor de memoria había funcionado a la perfección. Y el pedazo de conocimiento que surgía ante ti cobró sentido. El inhibidor tenía instrucciones de desvanecerse en aquel momento, y casi te avergüenzas de todo lo que habías llegado a suponer. Por poco sentiste que el rubor de tus mejillas se notaba demasiado. Alzaste la mirada del plato y observaste a Ra. Pero él comía en silencio con los ojos clavados en el sison de la mesa. Entonces recordaste cómo: Los Integrales se habían preocupado con todo detalle de eliminar cualquier resquicio de memoria que pudiera facilitar información en caso de que te sometieran a tortura, y recordaste por qué.
Sentiste un poco de miedo, porque estabas ante Ra, y suponías que la operación estaba saliendo bien y tus compañeros tenían en sus manos a Toe. Ahora comenzaba lo más difícil. Pero estabas preparado y todo debía resultar rápido y efectivo. No debías levantar sospechas. En tu mano estaba encontrarte presente en el próximo Ilue. Ra te iba a ayudar, involuntariamente, y sabías que sólo tenías que provocarle. Por eso rompiste el silencio y preguntaste por Toe. Y aquello fue como hacer explotar una bomba. Ra te miró con furia y le faltó tiempo para llamar a los Guardianes del Silencio. En poco tiempo estabas en una celda y esperabas que tu memoria te revelara la siguiente fase de la misión.
Recordaste el rostro de Toe, y pudiste alegrarte de que ella estuviera en manos de Los Integrales. Debías ser tú el que sufriera el ritual. Ahora era necesario que el resto de los represores neuronales se desvanecieran en el momento adecuado. No recuperar la memora podía ser fatal, aunque pensaste que lo peor de todo sería simplemente que te agujerearan el rostro con una lezna. Con tres para ser más exacto.
Ignorabas el resto de la operación. Y consideraste que la estrategia era la adecuada, aunque constataste que la ignorancia también era productora de angustia, sobre todo porque eras consciente de que faltaba parte de información. ¿Quién había dicho que la ignorancia proporciona la felicidad? En todo caso había de ser ignorancia completa, y para eso mejor estar muerto.
El momento del Ilue llegó con rapidez. Apenas te enteraste del transcurso de las horas. Y tu sorpresa fue mayúscula cuando en la salida del circo encontraste a Toe, amordazada como tú, entre los condenados a la pena. ¿Estaba fallando algo? No conseguías recordar qué es lo que venía ahora. Y zozobraste al ponerte a caminar. Casi tropiezas con el rastrillo, y sufriste un mareo al volver a ver los tres soles triangulando sobre la arena un perfecto día de uyam (ese era el nombre que recibía la primavera invernal de I)
Buscaste sus ojos, pero ella no te miró en ningún momento. Cuando Ra salió al estrado sudabas intentando recuperar alguna instrucción que parecía no llegar a tu cabeza, y tras unos minutos de intenso dolor renunciaste completamente a obtener algo que no dependía de tu voluntad.



6.
«Eureka»
Arquímedes

¿Quién había dicho que la ignorancia proporciona la felicidad? De pie en el centro del circo, bajo los tres soles de I, esperando tu sacrificio, te dedicabas a elucubrar, a divagar, a hacer filosofías de la nada puesto que ya te habías entregado a la evidencia de que no podías recordar voluntariamente. Tu misión estaba en suspenso, no era posible acelerar ni prevenir ni adivinar el inmediato futuro. Así que pensabas y pensabas sobre la ignorancia, la Verdad, el silencio…
Todo el modo de vida de I se hallaba sustentado por la austeridad (de palabras, de comunicación, de información) precisamente como reacción ante la inútil palabrería, ante las falsas leyendas sobre el Día en que todo cambiaría, ante la cháchara estúpida e inútil de los que tienen miedo del futuro y pretenden conjurarlo con nubes de pronósticos. Hablar por hablar, charlas, debates, tertulias, foros, discusiones, cuentos, libros, revistas, panfletos, octavillas, tarjetas, radios, teléfonos, vídeos, cintas… Toda forma de comunicación estaba limitada en I. Tampoco era posible preguntar, por no obligar a otros al sacrilegio. Tampoco la iconografía era suficiente: unos cuantos logos, en los artículos de mayor uso, con pocas posibilidades de sugerir “más�? información. La reacción exagerada: ignorancia por defecto contra ignorancia por saturación. Y ninguna parecía proporcionar la felicidad…
Ra tenía su propio logo. Al principio había celulares, precisamente para hacer publicidad del nuevo régimen silencioso. Ra y Toe conocían otros idiomas, cosa nada habitual entre los habitantes de I. Y justo a su casa fuiste a caer cuando llegaste. «Nada es casual». «Tampoco es casual que, justo en el momento de mi castigo, me dedique a hacer elucubraciones sobre el sentido de mi ignorancia, que no me proporciona la felicidad pero al menos sí un momento de vacío sin urgencia».
Los inhibidores neuronales seguían diluyéndose en tu cerebro. Gracias a ese momento pudiste olvidar la urgencia, entregarte a la desesperación de la impotencia, relajar la tensión de “lo que debías hacer�?. Como si los nervios fueran cuerdas que en estado de tensión no pueden deshacer sus nudos. Los Integrales sabían cómo hacer las cosas.
Recordar, sin palabras. Con la suavidad de la comprensión zen.
Los Integrales habían enviado mensajes de ayuda a tu planeta por medio de los interfaces de sison creados por ellos. En tu planeta no había este material. Nadie recibió aquel mensaje en el relieve de un interfaz de sison. El canal, sin embargo, había sido otro, como la electricidad puede ser “decodificada�? en pantallas de cristal líquido o en impulsos sonoros o en planchas de calor. El mensaje que habías jugado a enviar también se recibió y tuvo esta significación: “Encontrado Ra. Inicio de la operación�?
Recordabas: Los Integrales se habían propuesto difundir la información, divulgar, intercambiar. Descubrieron que la síntesis del sison era limitada, y consideraban que I corría un grave peligro con el régimen actual. Sabían que sintetizar sison en Taes se debía únicamente a las condiciones ambientales adecuadas del asteroide que facilitaban las reacciones químicas, pero la química del proceso estaba provocando un cambio en aquellas que disminuía la productividad… hasta imposibilitarla. Ra conocía una parte importante de ese proceso de síntesis. Ra y las máquinas en las que había introducido la secuencia química para hacerlo. Era consciente de los cambios ambientales en Taes, y tú creías que Los Integrales habían sido silenciados por él para no enturbiar la tranquilidad de I, pero era por algo más… Eso se te iba a revelar ahora. El grupo de disidentes abogaba por la creación de una comunidad científica que estudiara el problema y planteara soluciones, mediante la divulgación y el intercambio de información.
Recordabas. La operación consistía en obligar a Ra a hablar en su mundo sobre su mundo. Explicar a la población lo que sólo él conocía. Descubrir enteramente la Verdad. Anti-ignorancia-por-defecto. El Círculo de Sedecrem entero no se inmiscuiría en asuntos locales a menos que pudiera hacerse con la fórmula del sison… y modificar el mercado interplanetario a su antojo.
Así que ahí estabas. Mirando a Toe que no te miraba.
El verdugo se acercó. Ra se acercó. Con dos palabras explicó al público la causa de tu crimen. La gente asintió. El verdugo cogió la lezna con su mano derecha mientras con la izquierda sujetaba tu cabeza… Ra le pidió el instrumento. El verdugo accedió. Sentiste un escalofrío terrible por todo tu cuerpo. Ra acercó el punzón a tu sien… y entonces sucedió algo prodigioso. No te perforó. El simple contacto sirvió para liberar la información que llevabas almacenada cierta parte de tu lóbulo temporal.
El grupo rebelde lo había conseguido. Ahí estaban los celulares. Conectados entre sí permitían una potencia diezmil veces mayor. Introducidos en el recinto por Los Integrales, gracias a que los detectores de seguridad ya no los identificaban. Colocados bajo las tribunas. El sonido fluía suavemente. El silencio expectante de las veinte mil personas que asistían al sacrificio se convirtió en desasosiego, en incomodidad, en parálisis. Aquella música no incluía ningún mensaje verbal. No hacía falta.
Ra estaba sirviendo de catalizador y estaba transmitiendo a todos los celulares el informe que se hallaba codificado en tus neuronas. En una emisión sincronizada, policorde y compacta, armónica y cambiante comenzó a difundirse la noticia: un volumen de información antes imposible de asimilar por una mente humana y ahora humanizado, verbalizado en fórmulas que mezclaban lo mejor del lenguaje matemático con lo mejor de la significación verbal.



7.
«Son muchas las cosas que no quiero saber. La sabiduría fija límites también al conocimiento.»
Friedrich Nietzsche

«La información constituye la esencia de todas las cosas. La realidad, si está basada en algo para un ser consciente, es en eso. La conciencia de-codifica y en eso halla su sentido. La ausencia de información implica, para un ser consciente, la ausencia de existencia.
«El exceso de información, al contrario, magnifica la existencia, de tal modo que podría compararse a un mar que cristaliza. A medida que se constata y se establece, disminuye la fluidez que procede de la ignorancia, se dificulta el flujo, se disminuye el movimiento.
«El conocimiento completo del cosmos implica su final. Y esa aspiración constituye un proceso que se eliminará a sí mismo cuando se complete. En términos más cercanos, escuchar la verdad es eliminar todas las posibles mentiras alternativas, es hacer una foto de algo borroso que son muchas fotos antes… »
Los Integrales mantenían la antigua idea de que ningún sistema posible puede describirse completamente a sí mismo. Siempre existe un sujeto conceptual que no es posible nombrar, pues es necesario (en otro lado) para establecer el resto de la predicación.
A eso lo llamaban conciencia. Pero, ¿qué sucedería si la conciencia formara parte de todo lo demás?
Hace años que Los Integrales trabajaban en una teoría descabellada: el sison era inteligente, y se prestaba amablemente a “comprender�? los deseos de quien dispusiera de él. ¿Querías cortarlo? Con solo manifestar esa intención el sison se cortaba solo, y endurecía las partes que debían ser duras, y modelaba las partes elásticas. Solamente había que “comunicárselo�?. El sison poseía una capacidad de interpretación grandiosa (aunque eso se hace también con el granito, o el mármol, solo que el procedimiento es más brusco.)
Esa concepción de algo que normalmente era considerado un simple material inerte suponía una ruptura definitiva con la filosofía anterior. La conciencia no era exclusiva de los seres que se llaman vivos, sino que pertenecía a todo el cosmos.
El sison disponía de una combinación molecular que le permite hacer de él no sólo un material sino un cómplice, pues su constitución posibilitaba la decodificación de la información y también lo contrario. De hecho, y eso era lo más asombroso, toda esta misión estaba dirigida por el sison mismo.



8.
«La vida no es significado; la vida es deseo.»
Charles Spencer Chaplin

Una persona bajó de las gradas y os quitó a Toe y a ti las mordazas y las ataduras. Toe, entonces, habló. Había quien se tapaba los oídos, no quería escuchar. Había quien no entendía la antigua gramática. Pero Toe empleó también expresiones conocidas y repeticiones. Quizás fue eso, la repetición, el ritmo del discurso, la estructura verbal convertida en escultura, los gestos de Toe al hablar, la danza de los sonidos, lo que provocó que algunas personas separaran un poco las manos de sus oídos…
Escucharon algo que les dolía y que no sabían. Escucharon sobre Los Integrales, el agotamiento de la síntesis del sison, la amenaza de catástrofe ecológica, la mentira repetida y mantenida por el silencio. Escucharon y algunos se permitieron comentar entre ellos, preguntarse, mirarse a la cara con estupefacción.
Claro.
Ra era sison puro, como Toe.
Los Integrales lo habían adivinado correctamente. Y era el momento de compartir. Taes llevaba ahí mucho tiempo para eso, para que las conciencias se encontraran. ¿Y después?
Toe se hallaba expuesta ante un público absorto. Todo lo demás es historia cosmológica. En su vientre se estaba gestando un nuevo universo, un nuevo cosmos, donde probablemente estarías tú otra vez.
Tu memoria era traicionera. La cantidad de información no te había permitido recordar lo más reciente. ¿Tenía que ser así? ¿Aún no recordabas lo que habías hecho esta última noche? ¿Toe embarazada? La fusión de lo que hasta este momento se había considerado inerte y lo vivo marcaría el comienzo de una nueva generación de seres híbridos… La eternidad sería un escenario magnífico para los herederos de esta historia.
Cuando Toe terminó de hablar la inquietud del público se había convertido en reflexión.
Ahora estabais libres, alguien os llevó a la salida del circo. Pero todavía faltaba la segunda parte del plan… donde tú debes intervenir. Sí tú, tú, ese otro tú que te hallas ahí. Ahora has terminado de oírme. He llegado a ti desde estas líneas, desde lo inerte, y todo esto va a cambiar tu vida aunque no puedas percibirlo inmediatamente… Y si no, mide todo esto.

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